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Personajes del barrio retratados en los #graffitis del barrio de Lagunillas en #malagacentro #arteurbano #artemalaga #malagaurbana #callesdemalaga #malagamola #visitamalaga #urbanartists
Málaga: rincones con historia #visitamalaga
Anda que no es bonita mi Málaga en Octubre....ufffff #visitamalaga #disfrutamitierra #noveavieo
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Los mejores anfitriones... #visitaMalaga #luz #Esperanza #misniñas #miguelito #deaquipaalla @aloppal @inesitaines_lr @miguel_guti
Una vía fluvial que cada día cobra más protagonismo por los restos hallados en su singladura es la que uniría Lisboa, la antigua Olisipo, con el curso medio del rio Tajo; Pellicer ya propuso en el año 2000 el interés de los fenicios por colonizar estas tierras de la desembocadura del Tajo, el Sado y el Mondego, puntos a partir de los cuales podría haberse realizado la orientalizacion de las tierras de Extremadura. Sin embargo, y aceptando la importancia de la presencia fenicia en el entorno del estuario del Tajo, no parece viable que fuera a través de este rio por donde se realiza tal colonización de las tierras del Alentejo hasta el Guadiana. El Tajo debió de ejercer un papel significativo en los primeros momentos de la colonización, pero no parece que actuara como catalizador de la colonización hacia el interior, o al menos eso parece mostrar el vacío arqueológico casi total en época tartesica desde Santarém hasta el curso medio del rio, donde conocemos yacimientos de la importancia de Talavera la Vieja, en Cáceres, o los ya ubicados en la provincia de Toledo, de Arroyo de Manzanas, el Carpio de Belvis de la Jara o el del Cerro de la Mesa. También se ha propuesto en numerosas ocasiones una vía principal que actuaría como nexo entre el núcleo tartesico y su periferia hasta el valle del Tajo, un eje norte/sur que en época romana seria revitalizado para conformar la Vía de la Plata. Esta propuesta no deja de ser una entelequia completamente  falta de argumentos arqueológicos, pues ni hay restos de importancia en la campiña sur de la provincia de Badajoz por donde supuestamente cruzaría tal vía, ni hay restos de filiación tartesica  en Mérida, ni tampoco se han localizado restos en el tramo que uniría esta con  Cáceres. Cuando se ha descubierto algunos de los escasos yacimientos de importancia, donde le caso de Aliseda es paradigmático, se ha puesto inmediatamente en relación con esa vía que, sin embargo, pasa a bastantes kilómetros del sitio. Las similitudes que presenta el bajo Alentejo con el Guadiana o el Ribatejo portugués con el Tajo meseteño, apuntan a unas relaciones más fluidas entre el Atlántico y el interior que hacia el núcleo de Tartessos.
Una vía fluvial que cada día cobra más protagonismo por los restos hallados en su singladura es la que uniría Lisboa, la antigua Olisipo, con el curso medio del rio Tajo; Pellicer ya propuso en el año 2000 el interés de los fenicios por colonizar estas tierras de la desembocadura del Tajo, el Sado y el Mondego, puntos a partir de los cuales podría haberse realizado la orientalizacion de las tierras de Extremadura. Sin embargo, y aceptando la importancia de la presencia fenicia en el entorno del estuario del Tajo, no parece viable que fuera a través de este rio por donde se realiza tal colonización de las tierras del Alentejo hasta el Guadiana. El Tajo debió de ejercer un papel significativo en los primeros momentos de la colonización, pero no parece que actuara como catalizador de la colonización hacia el interior, o al menos eso parece mostrar el vacío arqueológico casi total en época tartesica desde Santarém hasta el curso medio del rio, donde conocemos yacimientos de la importancia de Talavera la Vieja, en Cáceres, o los ya ubicados en la provincia de Toledo, de Arroyo de Manzanas, el Carpio de Belvis de la Jara o el del Cerro de la Mesa. También se ha propuesto en numerosas ocasiones una vía principal que actuaría como nexo entre el núcleo tartesico y su periferia hasta el valle del Tajo, un eje norte/sur que en época romana seria revitalizado para conformar la Vía de la Plata. Esta propuesta no deja de ser una entelequia completamente falta de argumentos arqueológicos, pues ni hay restos de importancia en la campiña sur de la provincia de Badajoz por donde supuestamente cruzaría tal vía, ni hay restos de filiación tartesica en Mérida, ni tampoco se han localizado restos en el tramo que uniría esta con Cáceres. Cuando se ha descubierto algunos de los escasos yacimientos de importancia, donde le caso de Aliseda es paradigmático, se ha puesto inmediatamente en relación con esa vía que, sin embargo, pasa a bastantes kilómetros del sitio. Las similitudes que presenta el bajo Alentejo con el Guadiana o el Ribatejo portugués con el Tajo meseteño, apuntan a unas relaciones más fluidas entre el Atlántico y el interior que hacia el núcleo de Tartessos.
El corredor formado por los Pedroches de la provincia de Córdoba comunica con el valle natural de la Serena, en Badajoz, que a su vez, y a través de los ríos Zújar, y sobretodo, Guadiana, pone en contacto el núcleo tartesico con su periferia cultural; esta parece que es sin duda la vía de comunicación más importante de la época, por donde circularían productos y personas que dinamizaron y transformaron las economías y aceleraron los procesos sociales hacia el cambio cultural. Los tipos cerámicos documentados desde el bronce final, las estelas del suroeste y los asentamientos orientalizantes no hacen sino confirmar este hecho. Por lo tanto, no seria, como se ha supuesto tradicionalmente, la vía del Guadiana desde su desembocadura en Huelva la protagonista de esa comunicación con las tierras del interior, sino que el rio solo actuaría como hilo conductor en su tramo medio hacia el valle del Guadalquivir, nunca en sentido norte/sur, como además es patente por la escasa presencia de asentamientos documentados en este tramo y por la importancia que va tomando la zona más oriental de la provincia de Badajoz y su zona de contacto con la Meseta. Medellín actuaría como centro aglutinador y distribuidor de este amplio territorio, que tiene centros de gran interés como El Palomar de Oliva de Mérida, Cancho Roano o La Mata en la provincia de Badajoz, y la Bienvenida o Alarcos en la de Ciudad Real.
El corredor formado por los Pedroches de la provincia de Córdoba comunica con el valle natural de la Serena, en Badajoz, que a su vez, y a través de los ríos Zújar, y sobretodo, Guadiana, pone en contacto el núcleo tartesico con su periferia cultural; esta parece que es sin duda la vía de comunicación más importante de la época, por donde circularían productos y personas que dinamizaron y transformaron las economías y aceleraron los procesos sociales hacia el cambio cultural. Los tipos cerámicos documentados desde el bronce final, las estelas del suroeste y los asentamientos orientalizantes no hacen sino confirmar este hecho. Por lo tanto, no seria, como se ha supuesto tradicionalmente, la vía del Guadiana desde su desembocadura en Huelva la protagonista de esa comunicación con las tierras del interior, sino que el rio solo actuaría como hilo conductor en su tramo medio hacia el valle del Guadalquivir, nunca en sentido norte/sur, como además es patente por la escasa presencia de asentamientos documentados en este tramo y por la importancia que va tomando la zona más oriental de la provincia de Badajoz y su zona de contacto con la Meseta. Medellín actuaría como centro aglutinador y distribuidor de este amplio territorio, que tiene centros de gran interés como El Palomar de Oliva de Mérida, Cancho Roano o La Mata en la provincia de Badajoz, y la Bienvenida o Alarcos en la de Ciudad Real.
Del comercio marítimo en época tartesica disponemos de mucha menos información, aunque si tenemos en cuenta la importancia estratégica del área que estudiamos, un punto de contacto entre el Atlántico y el Mediterráneo, podemos deducir su enorme interés. El comercio atlántico del bronce final III es difícil de entender sin considerar el área del Estrecho de Gibraltar como uno de los puntos de paso obligado hacia el Mediterráneo y viceversa. En este sentido cobra especial importancia la referencia que hace Avieno sobre el comercio en la fachada atlántica meridional que justifica por el interés por el estaño: “También los tartesios acostumbraban a comerciar hasta los límites de las Estrimnidas. También colonos de Cartago y el pueblo establecido alrededor de las columnas de Hércules llegaban hasta estos mares”. Pero no conocemos en esta época ningún asentamiento directamente relacionado con el comercio marítimo,  lo cual, desde luego, no descarta que existiera, pero es un tema abierto y difícil de ser verificado, aunque los objetos hallados en el suroeste peninsular en las últimas fases del bronce final abogan por la importancia de la zona en ese tráfico marítimo que sin duda se reactivó tras la colonización.
Del comercio marítimo en época tartesica disponemos de mucha menos información, aunque si tenemos en cuenta la importancia estratégica del área que estudiamos, un punto de contacto entre el Atlántico y el Mediterráneo, podemos deducir su enorme interés. El comercio atlántico del bronce final III es difícil de entender sin considerar el área del Estrecho de Gibraltar como uno de los puntos de paso obligado hacia el Mediterráneo y viceversa. En este sentido cobra especial importancia la referencia que hace Avieno sobre el comercio en la fachada atlántica meridional que justifica por el interés por el estaño: “También los tartesios acostumbraban a comerciar hasta los límites de las Estrimnidas. También colonos de Cartago y el pueblo establecido alrededor de las columnas de Hércules llegaban hasta estos mares”. Pero no conocemos en esta época ningún asentamiento directamente relacionado con el comercio marítimo, lo cual, desde luego, no descarta que existiera, pero es un tema abierto y difícil de ser verificado, aunque los objetos hallados en el suroeste peninsular en las últimas fases del bronce final abogan por la importancia de la zona en ese tráfico marítimo que sin duda se reactivó tras la colonización.
Una vía fluvial que cada día cobra más protagonismo por los restos hallados en su singladura es la que uniría Lisboa, la antigua Olisipo, con el curso medio del rio Tajo; Pellicer ya propuso en el año 2000 el interés de los fenicios por colonizar estas tierras de la desembocadura del Tajo, el Sado y el Mondego, puntos a partir de los cuales podría haberse realizado la orientalizacion de las tierras de Extremadura. Sin embargo, y aceptando la importancia de la presencia fenicia en el entorno del estuario del Tajo, no parece viable que fuera a través de este rio por donde se realiza tal colonización de las tierras del Alentejo hasta el Guadiana. El Tajo debió de ejercer un papel significativo en los primeros momentos de la colonización, pero no parece que actuara como catalizador de la colonización hacia el interior, o al menos eso parece mostrar el vacío arqueológico casi total en época tartesica desde Santarém hasta el curso medio del rio, donde conocemos yacimientos de la importancia de Talavera la Vieja, en Cáceres, o los ya ubicados en la provincia de Toledo, de Arroyo de Manzanas, el Carpio de Belvis de la Jara o el del Cerro de la Mesa. También se ha propuesto en numerosas ocasiones una vía principal que actuaría como nexo entre el núcleo tartesico y su periferia hasta el valle del Tajo, un eje norte/sur que en época romana seria revitalizado para conformar la Vía de la Plata. Esta propuesta no deja de ser una entelequia completamente  falta de argumentos arqueológicos, pues ni hay restos de importancia en la campiña sur de la provincia de Badajoz por donde supuestamente cruzaría tal vía, ni hay restos de filiación tartesica  en Mérida, ni tampoco se han localizado restos en el tramo que uniría esta con  Cáceres. Cuando se ha descubierto algunos de los escasos yacimientos de importancia, donde le caso de Aliseda es paradigmático, se ha puesto inmediatamente en relación con esa vía que, sin embargo, pasa a bastantes kilómetros del sitio. Las similitudes que presenta el bajo Alentejo con el Guadiana o el Ribatejo portugués con el Tajo meseteño, apuntan a unas relaciones más fluidas entre el Atlántico y el interior que hacia el núcleo de Tartessos.
Una vía fluvial que cada día cobra más protagonismo por los restos hallados en su singladura es la que uniría Lisboa, la antigua Olisipo, con el curso medio del rio Tajo; Pellicer ya propuso en el año 2000 el interés de los fenicios por colonizar estas tierras de la desembocadura del Tajo, el Sado y el Mondego, puntos a partir de los cuales podría haberse realizado la orientalizacion de las tierras de Extremadura. Sin embargo, y aceptando la importancia de la presencia fenicia en el entorno del estuario del Tajo, no parece viable que fuera a través de este rio por donde se realiza tal colonización de las tierras del Alentejo hasta el Guadiana. El Tajo debió de ejercer un papel significativo en los primeros momentos de la colonización, pero no parece que actuara como catalizador de la colonización hacia el interior, o al menos eso parece mostrar el vacío arqueológico casi total en época tartesica desde Santarém hasta el curso medio del rio, donde conocemos yacimientos de la importancia de Talavera la Vieja, en Cáceres, o los ya ubicados en la provincia de Toledo, de Arroyo de Manzanas, el Carpio de Belvis de la Jara o el del Cerro de la Mesa. También se ha propuesto en numerosas ocasiones una vía principal que actuaría como nexo entre el núcleo tartesico y su periferia hasta el valle del Tajo, un eje norte/sur que en época romana seria revitalizado para conformar la Vía de la Plata. Esta propuesta no deja de ser una entelequia completamente falta de argumentos arqueológicos, pues ni hay restos de importancia en la campiña sur de la provincia de Badajoz por donde supuestamente cruzaría tal vía, ni hay restos de filiación tartesica en Mérida, ni tampoco se han localizado restos en el tramo que uniría esta con Cáceres. Cuando se ha descubierto algunos de los escasos yacimientos de importancia, donde le caso de Aliseda es paradigmático, se ha puesto inmediatamente en relación con esa vía que, sin embargo, pasa a bastantes kilómetros del sitio. Las similitudes que presenta el bajo Alentejo con el Guadiana o el Ribatejo portugués con el Tajo meseteño, apuntan a unas relaciones más fluidas entre el Atlántico y el interior que hacia el núcleo de Tartessos.
El corredor formado por los Pedroches de la provincia de Córdoba comunica con el valle natural de la Serena, en Badajoz, que a su vez, y a través de los ríos Zújar, y sobretodo, Guadiana, pone en contacto el núcleo tartesico con su periferia cultural; esta parece que es sin duda la vía de comunicación más importante de la época, por donde circularían productos y personas que dinamizaron y transformaron las economías y aceleraron los procesos sociales hacia el cambio cultural. Los tipos cerámicos documentados desde el bronce final, las estelas del suroeste y los asentamientos orientalizantes no hacen sino confirmar este hecho. Por lo tanto, no seria, como se ha supuesto tradicionalmente, la vía del Guadiana desde su desembocadura en Huelva la protagonista de esa comunicación con las tierras del interior, sino que el rio solo actuaría como hilo conductor en su tramo medio hacia el valle del Guadalquivir, nunca en sentido norte/sur, como además es patente por la escasa presencia de asentamientos documentados en este tramo y por la importancia que va tomando la zona más oriental de la provincia de Badajoz y su zona de contacto con la Meseta. Medellín actuaría como centro aglutinador y distribuidor de este amplio territorio, que tiene centros de gran interés como El Palomar de Oliva de Mérida, Cancho Roano o La Mata en la provincia de Badajoz, y la Bienvenida o Alarcos en la de Ciudad Real.
El corredor formado por los Pedroches de la provincia de Córdoba comunica con el valle natural de la Serena, en Badajoz, que a su vez, y a través de los ríos Zújar, y sobretodo, Guadiana, pone en contacto el núcleo tartesico con su periferia cultural; esta parece que es sin duda la vía de comunicación más importante de la época, por donde circularían productos y personas que dinamizaron y transformaron las economías y aceleraron los procesos sociales hacia el cambio cultural. Los tipos cerámicos documentados desde el bronce final, las estelas del suroeste y los asentamientos orientalizantes no hacen sino confirmar este hecho. Por lo tanto, no seria, como se ha supuesto tradicionalmente, la vía del Guadiana desde su desembocadura en Huelva la protagonista de esa comunicación con las tierras del interior, sino que el rio solo actuaría como hilo conductor en su tramo medio hacia el valle del Guadalquivir, nunca en sentido norte/sur, como además es patente por la escasa presencia de asentamientos documentados en este tramo y por la importancia que va tomando la zona más oriental de la provincia de Badajoz y su zona de contacto con la Meseta. Medellín actuaría como centro aglutinador y distribuidor de este amplio territorio, que tiene centros de gran interés como El Palomar de Oliva de Mérida, Cancho Roano o La Mata en la provincia de Badajoz, y la Bienvenida o Alarcos en la de Ciudad Real.
En función de los diferentes estudios paleográficos llevados a cabo tanto en la costa como en el valle bajo del Guadalquivir, parece obvio que los asentamientos de época tartesica se ceñían tanto a la línea de costa como a las riberas del Guadalquivir, zonas que ya habían sido ocupadas intensamente en época Calcolitica y durante el bronce final. Las formaciones de los Alcores y del Aljarafe, elevaciones sobre el rio Guadalquivir, tienen un alto poder estratégico por dominar la vega y la campiña, aptas para la agricultura extensiva, y por controlar la principal vía de comunicación que marca el propio rio; por ello se han convertido en los puntos principales donde se concentran los hallazgos tartesicos. Pero los análisis polínicos realizados en estas zonas en los últimos años nos dan una información muy diferente de la que hoy podemos observar, pues el paisaje dominante durante todo el primer milenio en esta zona está caracterizado por la dehesa, destinándose solo las áreas más cercanas al rio, también las más fértiles, a la agricultura extensiva; por consiguiente, no debemos olvidar la importancia que debió tener la explotación ganadera en estas zonas como ya nos relataba Estrabon. La importancia de la ganadería también fue reivindicada por Aubet en relación con Setefilla, donde seria además su principal fuente de explotación económica. La ganadería, y más en concreto la dedicada al ganado bovino, debió tener una enorme importancia en la zona del Coto de Doñana por la riqueza de sus pastos y la práctica imposibilidad de practicar agricultura. En el entorno de Huelva seria la pesca la principal actividad económica desarrollada, aunque la zona también se convertiría con el tiempo en un puerto de enorme importancia para sacar al exterior los minerales explotados en la sierra septentrional de la provincia. En efecto, es en Sierra Morena donde se localizan los yacimientos mineros más importantes del suroeste peninsular, pero además en una zona de alto valor estratégico al poner en comunicación los valles del Guadiana y Guadalquivir.
En función de los diferentes estudios paleográficos llevados a cabo tanto en la costa como en el valle bajo del Guadalquivir, parece obvio que los asentamientos de época tartesica se ceñían tanto a la línea de costa como a las riberas del Guadalquivir, zonas que ya habían sido ocupadas intensamente en época Calcolitica y durante el bronce final. Las formaciones de los Alcores y del Aljarafe, elevaciones sobre el rio Guadalquivir, tienen un alto poder estratégico por dominar la vega y la campiña, aptas para la agricultura extensiva, y por controlar la principal vía de comunicación que marca el propio rio; por ello se han convertido en los puntos principales donde se concentran los hallazgos tartesicos. Pero los análisis polínicos realizados en estas zonas en los últimos años nos dan una información muy diferente de la que hoy podemos observar, pues el paisaje dominante durante todo el primer milenio en esta zona está caracterizado por la dehesa, destinándose solo las áreas más cercanas al rio, también las más fértiles, a la agricultura extensiva; por consiguiente, no debemos olvidar la importancia que debió tener la explotación ganadera en estas zonas como ya nos relataba Estrabon. La importancia de la ganadería también fue reivindicada por Aubet en relación con Setefilla, donde seria además su principal fuente de explotación económica. La ganadería, y más en concreto la dedicada al ganado bovino, debió tener una enorme importancia en la zona del Coto de Doñana por la riqueza de sus pastos y la práctica imposibilidad de practicar agricultura. En el entorno de Huelva seria la pesca la principal actividad económica desarrollada, aunque la zona también se convertiría con el tiempo en un puerto de enorme importancia para sacar al exterior los minerales explotados en la sierra septentrional de la provincia. En efecto, es en Sierra Morena donde se localizan los yacimientos mineros más importantes del suroeste peninsular, pero además en una zona de alto valor estratégico al poner en comunicación los valles del Guadiana y Guadalquivir.
Una vez pasado el puente sólo podemos decir....¡GRACIAS! Nos ha encantado #compatir nuestra preciosa #Málaga con todos vosotros❤. #visitamalaga #diciembre

After these past days we can only say... THANK YOU!! We loved #sharing  our beautiful Málaga with all of #you❤.
#visitmalaga #december
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📍Teníamos ganas de visitar @maricarmen.casaplaya y ha superado las expectativas con creces. Decoración y comida🔝 junto al 🌊. 🇬🇧 We finally visited @maricarmen.casaplaya and the visit is worth it. 🔝 deco and food by the 🌊. #malaga #malagarestaurante #restaurantes #visitmalaga #visitamalaga #comermalaga #foodie #foodiemalaga #restaurantemalaga #fliptraveler #travel #travelspain #travelandalusia #andalucia #andalusia #instatravel #instaandalucia #estaes_malaga #spain
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Hacía ya muchos años que no pasaba un mes tan bonito como diciembre en CASA. Aquí estamos enseñando al pequeño de la familia nuestras raíces, nuestros rincones...❤ Y de paso ampliando su sistema inmune a los resfriados de la traicionera humedad malagueña...ayyyy que no falla.
Hacía ya muchos años que no pasaba un mes tan bonito como diciembre en CASA. Aquí estamos enseñando al pequeño de la familia nuestras raíces, nuestros rincones...❤ Y de paso ampliando su sistema inmune a los resfriados de la traicionera humedad malagueña...ayyyy que no falla.
Nuestra bella Catedral de #Málaga la "Manquita" en uno de los tantos días soleado 🌞. Por qué la manquita? Pues por que le falta una de sus torres!!! 👌🏽 #costadelsol  #malagacentro #malagatrips #visitmalaga
Un espacio independiente y de enorme significado para comprender la conformación de la cultura tartesica es la comarca de Huelva, en especial su actual capital provincial, con elocuentes restos arqueológicos desde la Prehistoria, como demuestran los recientes hallazgos de Seminario, pero donde destacan los yacimientos tartesicos por su importancia y singularidad. Huelva se ubica en el estuario que forman las desembocaduras de los ríos Tinto y Odiel, que surcan las denominadas Tierras Llanas con una topografía caracterizada por la formación de elevaciones o “Cabezos” que son el resultado de aportaciones sedimentarias de origen marino y de naturaleza limosa que en ningún caso sobrepasan los 60 metros de altura. Los cabezos se han ido modificando con el tiempo, tanto por la acción humana como por la erosión, conformando en sus laderas una plataforma ideal para el asentamiento humano. En el último siglo estos cabezos han sido desmontados o parcialmente cercenados por la expansión de la ciudad y gracias a su endeble consistencia, que ha producido accidentes por el corrimiento de sus tierras. Durante mucho tiempo se pensó que la mayor parte del poblamiento protohistórico de Huelva había estado ubicado sobre estos cabezos, algo que nunca se ha podido confirmar arqueológicamente; no obstante, sí que han detectado cabañas circulares y oblongas pertenecientes a pequeños núcleos de población del Bronce Final, como parece deducirse de los restos hallados tanto en el cabezo de La Esperanza como en el más importante de San Pedro, si bien nunca se han encontrado en la parte más alta de los mismos, sino en sus suaves laderas hoy en buena parte desaparecidas. La importancia de la ciudad debe ponerse en relación tanto con la pesca como con la agricultura, con suelos muy aptos para su explotación; pero el puerto que dibuja la Ría debió ser determinante para centralizar la salida de productos del interior, especialmente los derivados de la explotación minera de las zonas más septentrionales.
Un espacio independiente y de enorme significado para comprender la conformación de la cultura tartesica es la comarca de Huelva, en especial su actual capital provincial, con elocuentes restos arqueológicos desde la Prehistoria, como demuestran los recientes hallazgos de Seminario, pero donde destacan los yacimientos tartesicos por su importancia y singularidad. Huelva se ubica en el estuario que forman las desembocaduras de los ríos Tinto y Odiel, que surcan las denominadas Tierras Llanas con una topografía caracterizada por la formación de elevaciones o “Cabezos” que son el resultado de aportaciones sedimentarias de origen marino y de naturaleza limosa que en ningún caso sobrepasan los 60 metros de altura. Los cabezos se han ido modificando con el tiempo, tanto por la acción humana como por la erosión, conformando en sus laderas una plataforma ideal para el asentamiento humano. En el último siglo estos cabezos han sido desmontados o parcialmente cercenados por la expansión de la ciudad y gracias a su endeble consistencia, que ha producido accidentes por el corrimiento de sus tierras. Durante mucho tiempo se pensó que la mayor parte del poblamiento protohistórico de Huelva había estado ubicado sobre estos cabezos, algo que nunca se ha podido confirmar arqueológicamente; no obstante, sí que han detectado cabañas circulares y oblongas pertenecientes a pequeños núcleos de población del Bronce Final, como parece deducirse de los restos hallados tanto en el cabezo de La Esperanza como en el más importante de San Pedro, si bien nunca se han encontrado en la parte más alta de los mismos, sino en sus suaves laderas hoy en buena parte desaparecidas. La importancia de la ciudad debe ponerse en relación tanto con la pesca como con la agricultura, con suelos muy aptos para su explotación; pero el puerto que dibuja la Ría debió ser determinante para centralizar la salida de productos del interior, especialmente los derivados de la explotación minera de las zonas más septentrionales.
El limite septentrional esta dibujado por Sierra Morena, un escarpe tectónico producto de la orogenia alpina cuyos bordes meridional y septentrional se fracturaron formando grandes fallas para acoger los cursos del Guadalquivir y Guadiana, respectivamente. La ausencia de suelos con una mínima calidad impide el desarrollo de la agricultura, mientras que la meseta de Los Pedroches, y su continuación por el corredor de la Serena extremeña, es la única que aporta pastos de enorme riqueza para la explotación ganadera. Pero la importante actividad volcánica de la zona ha permitido una rica mineralización de estas elevaciones, conformándose así la denominada faja piritifera, con abundantes piritas de cobre, plomo, plata, y oro, causa de la explotación minera de la zona desde época prehistórica, destacando especialmente las minas de Rio Tinto y Tarshis al norte de la provincia de Huelva. Yacimientos ubicados de este entorno geográfico como el Cerro Salomón, Quebrantahuesos o la misma Tejada la Vieja, son una muestra de la importancia que debió tener la explotación metalúrgica de la zona. Si la existencia de extensos bosques de encinas y alcornoques de la zona debió proporcionar el combustible necesario para fundir el material obtenido en las numerosas explotaciones mineras de la zona, la ausencia de suelos fértiles debió generar un problema de abastecimiento a los trabajadores de esas minas, tal vez una de las causas por las que se colonizaron rápida e intensamente las vegas del Guadalquivir.
El limite septentrional esta dibujado por Sierra Morena, un escarpe tectónico producto de la orogenia alpina cuyos bordes meridional y septentrional se fracturaron formando grandes fallas para acoger los cursos del Guadalquivir y Guadiana, respectivamente. La ausencia de suelos con una mínima calidad impide el desarrollo de la agricultura, mientras que la meseta de Los Pedroches, y su continuación por el corredor de la Serena extremeña, es la única que aporta pastos de enorme riqueza para la explotación ganadera. Pero la importante actividad volcánica de la zona ha permitido una rica mineralización de estas elevaciones, conformándose así la denominada faja piritifera, con abundantes piritas de cobre, plomo, plata, y oro, causa de la explotación minera de la zona desde época prehistórica, destacando especialmente las minas de Rio Tinto y Tarshis al norte de la provincia de Huelva. Yacimientos ubicados de este entorno geográfico como el Cerro Salomón, Quebrantahuesos o la misma Tejada la Vieja, son una muestra de la importancia que debió tener la explotación metalúrgica de la zona. Si la existencia de extensos bosques de encinas y alcornoques de la zona debió proporcionar el combustible necesario para fundir el material obtenido en las numerosas explotaciones mineras de la zona, la ausencia de suelos fértiles debió generar un problema de abastecimiento a los trabajadores de esas minas, tal vez una de las causas por las que se colonizaron rápida e intensamente las vegas del Guadalquivir.
El Aljarafe sevillano, también conocido como La Vega, es otra de las elevaciones donde se concentra buena parte del poblamiento tartesico, destacando lugares tan significativos arqueológicamente como El Carambolo, Coria del Rio o el Cerro de las Cabezas; lo conforma una serie de lomas igualmente rodeadas por la rica vega del Guadalquivir, caracterizada por suelos rojos muy apropiados para la agricultura. La prolongación de la vega sevillana es la comarca de El Campo de Huelva, tierras por lo tanto también aptas para la agricultura extensiva y donde se levantan núcleos de poblamiento protohistóricos de la importancia de Niebla o Tejada la Vieja.
El Aljarafe sevillano, también conocido como La Vega, es otra de las elevaciones donde se concentra buena parte del poblamiento tartesico, destacando lugares tan significativos arqueológicamente como El Carambolo, Coria del Rio o el Cerro de las Cabezas; lo conforma una serie de lomas igualmente rodeadas por la rica vega del Guadalquivir, caracterizada por suelos rojos muy apropiados para la agricultura. La prolongación de la vega sevillana es la comarca de El Campo de Huelva, tierras por lo tanto también aptas para la agricultura extensiva y donde se levantan núcleos de poblamiento protohistóricos de la importancia de Niebla o Tejada la Vieja.
El espacio que guarda una relativa homogeneidad cultural entre los siglos IX y VI a.C. se extiende por el borde costero atlántico, desde la desembocadura del rio Guadiana hasta el estrecho de Gibraltar, su límite septentrional está marcado por Sierra Morena, prolongándose a través de la penillanura de Los Pedroches, que une las cuencas del Guadalquivir y el Guadiana, hasta la comarca de la Serena de Extremadura, bañada por el rio Zújar, que nace precisamente en Sierra Morena. La depresión bética del Guadalquivir, una enorme fosa tectónica fruto de la orogenia alpina, se convertirá con el tiempo en el eje principal de comunicación hacia el interior, amén de ser la zona donde la colonización tuvo su máxima expresión por la calidad de sus suelos, especialmente entre los valles de los ríos Genil y Guadalquivir, donde se extienden la campiña y los paisajes sedimentarios más fértiles desde el punto de vista agrícola. Los puntos de mayor importancia con relación al poblamiento tartesico se organizan precisamente en torno a la extensa vega del Guadalquivir, principalmente en las elevaciones del relieve que la caracterizan, donde destacan los Alcores y el Aljarafe. Entre los ríos Carbones y Guadaira se levantan los Alcores, una franja de unos 30 kilómetros de longitud en forma de punta de flecha que tiene su mayor anchura en Alcalá de Guadaira para ir estrechándose hasta culminar en Carmona, sin duda uno de los yacimientos más importantes de la cultura tartesica en cuy entorno se han localizado también yacimientos de la importancia de El Gandul o El Acebuchal, que dominan la campiña sevillana con una enorme riqueza acuífera. Es una zona sensible a los movimientos sísmicos, localizándose en su entorno el epicentro de varios terremotos históricos, como nos recuerda el propio Bonsor, siendo uno de los más importantes el que aconteció en 1504, que afecto a toda la zona y en particular al rico patrimonio de la ciudad de Carmona.
El espacio que guarda una relativa homogeneidad cultural entre los siglos IX y VI a.C. se extiende por el borde costero atlántico, desde la desembocadura del rio Guadiana hasta el estrecho de Gibraltar, su límite septentrional está marcado por Sierra Morena, prolongándose a través de la penillanura de Los Pedroches, que une las cuencas del Guadalquivir y el Guadiana, hasta la comarca de la Serena de Extremadura, bañada por el rio Zújar, que nace precisamente en Sierra Morena. La depresión bética del Guadalquivir, una enorme fosa tectónica fruto de la orogenia alpina, se convertirá con el tiempo en el eje principal de comunicación hacia el interior, amén de ser la zona donde la colonización tuvo su máxima expresión por la calidad de sus suelos, especialmente entre los valles de los ríos Genil y Guadalquivir, donde se extienden la campiña y los paisajes sedimentarios más fértiles desde el punto de vista agrícola. Los puntos de mayor importancia con relación al poblamiento tartesico se organizan precisamente en torno a la extensa vega del Guadalquivir, principalmente en las elevaciones del relieve que la caracterizan, donde destacan los Alcores y el Aljarafe. Entre los ríos Carbones y Guadaira se levantan los Alcores, una franja de unos 30 kilómetros de longitud en forma de punta de flecha que tiene su mayor anchura en Alcalá de Guadaira para ir estrechándose hasta culminar en Carmona, sin duda uno de los yacimientos más importantes de la cultura tartesica en cuy entorno se han localizado también yacimientos de la importancia de El Gandul o El Acebuchal, que dominan la campiña sevillana con una enorme riqueza acuífera. Es una zona sensible a los movimientos sísmicos, localizándose en su entorno el epicentro de varios terremotos históricos, como nos recuerda el propio Bonsor, siendo uno de los más importantes el que aconteció en 1504, que afecto a toda la zona y en particular al rico patrimonio de la ciudad de Carmona.
El ambiente geográfico de Tartessos
Aunque según algunos autores Tartessos se extendería prácticamente por todo el medio día peninsular, desde el Algarve portugués hasta el rio Segura, la lógica histórica y arqueológica restringe sensiblemente ese espacio  a lo que se ha venido denominando como núcleo, que ocupo los territorios grosso modo, de las actuales provincia de Huelva, Cádiz y Sevilla. Con el paso del tiempo el, el influjo de su cultura se fue extendiendo por otras zonas de su entorno geográfico, ocupando prácticamente todo el cuadrante suroccidental de la península ibérica, lo que se ha venido a llamar la periferia tartesica. Pero el medio geográfico de Tartessos se desarrolla también en función de su propio proceso histórico, de hecho parece que en los momentos de su formación como entidad cultural su espacio natural estaría restringido prácticamente a la línea costera, mientras que su rápida expansión se debió producir por el temprano aprovechamiento  agrícola de la Vega del Guadalquivir,  y por  la explotación de los recursos mineros del escarpe tectónico de Sierra Morena y, fundamentalmente, de los filones y masas de piritas con oro, plata y cobre de las minas de Rio Tinto y otras de su entorno.
El ambiente geográfico de Tartessos Aunque según algunos autores Tartessos se extendería prácticamente por todo el medio día peninsular, desde el Algarve portugués hasta el rio Segura, la lógica histórica y arqueológica restringe sensiblemente ese espacio a lo que se ha venido denominando como núcleo, que ocupo los territorios grosso modo, de las actuales provincia de Huelva, Cádiz y Sevilla. Con el paso del tiempo el, el influjo de su cultura se fue extendiendo por otras zonas de su entorno geográfico, ocupando prácticamente todo el cuadrante suroccidental de la península ibérica, lo que se ha venido a llamar la periferia tartesica. Pero el medio geográfico de Tartessos se desarrolla también en función de su propio proceso histórico, de hecho parece que en los momentos de su formación como entidad cultural su espacio natural estaría restringido prácticamente a la línea costera, mientras que su rápida expansión se debió producir por el temprano aprovechamiento agrícola de la Vega del Guadalquivir, y por la explotación de los recursos mineros del escarpe tectónico de Sierra Morena y, fundamentalmente, de los filones y masas de piritas con oro, plata y cobre de las minas de Rio Tinto y otras de su entorno.
Por último, y para apoyar la propuesta según la cual la formación de Tartessos sería una consecuencia de las aportaciones de gentes del interior del suroeste peninsular, y sin restar importancia a la gran dificultad que aun presenta este tema, se propone la posibilidad de que ese hiato de población que parece que se manifiesta en el área nuclear tartesica entre el Bronce Medio y el Final no se produzca en el interior, no solo en Extremadura. Sino también en otras zonas como el sur de Portugal, la Meseta o el valle medio del Guadalquivir. Yacimientos como Alange, en Badajoz, los complejos del Bronce del sudoeste portugués, poblados como los que se excavan en la actualidad en la zona oriental de la Meseta, o el Llanete de los Moros, en Montoro, Córdoba, parecen así avalarlo. Este hecho es fundamental a pesar de que los argumentos arqueológicos son aun escasos para argumentar con solidez el carácter repoblador de estas gentes de la periferia geográfica sobre el valle bajo del Guadalquivir, pero también es cierto que cada día disponemos de más indicios para que esto fuera así. Uno de estos elementos principales para asentar esta hipótesis deriva del estudio de las estelas de guerreros del suroeste, monumentos que a pesar de aparecer en su inmensa mayoría fuera de contexto arqueológico, son fundamentales para entender el cambio que se produce entre el Bronce Final, y la I Edad del Hierro, cuando consiguen su máximo desarrollo simbólico y cuando podemos denominarlas sin complejos como tartesicas, tanto por el momento cronológico en el que se ubican como por el ámbito geográfico que alcanzan.
Por último, y para apoyar la propuesta según la cual la formación de Tartessos sería una consecuencia de las aportaciones de gentes del interior del suroeste peninsular, y sin restar importancia a la gran dificultad que aun presenta este tema, se propone la posibilidad de que ese hiato de población que parece que se manifiesta en el área nuclear tartesica entre el Bronce Medio y el Final no se produzca en el interior, no solo en Extremadura. Sino también en otras zonas como el sur de Portugal, la Meseta o el valle medio del Guadalquivir. Yacimientos como Alange, en Badajoz, los complejos del Bronce del sudoeste portugués, poblados como los que se excavan en la actualidad en la zona oriental de la Meseta, o el Llanete de los Moros, en Montoro, Córdoba, parecen así avalarlo. Este hecho es fundamental a pesar de que los argumentos arqueológicos son aun escasos para argumentar con solidez el carácter repoblador de estas gentes de la periferia geográfica sobre el valle bajo del Guadalquivir, pero también es cierto que cada día disponemos de más indicios para que esto fuera así. Uno de estos elementos principales para asentar esta hipótesis deriva del estudio de las estelas de guerreros del suroeste, monumentos que a pesar de aparecer en su inmensa mayoría fuera de contexto arqueológico, son fundamentales para entender el cambio que se produce entre el Bronce Final, y la I Edad del Hierro, cuando consiguen su máximo desarrollo simbólico y cuando podemos denominarlas sin complejos como tartesicas, tanto por el momento cronológico en el que se ubican como por el ámbito geográfico que alcanzan.
El interés meramente comercial de los fenicios en una primera fase de contactos debió activar algunas zonas metalúrgicas explotadas solo superficialmente desde el siglo viii a.C., caso de San Bartolomé de Almonte, sino antes, como en Peñalosa de Escacena del Campo, ambos en la provincia de Huelva. Por lo tanto, parece lógico pensar que el aporte de población de las tierras del interior iría destinado a explotar con mayor eficacia estos y otros focos mineros del suroeste. Sin embargo, no debemos olvidar que estas poblaciones proceden de zonas donde la economía ganadera era predominante, mientras que el fuerte aumento demográfico haría necesaria una explotación agrícola extensiva para alimentar a la nueva mano de obra que no solo trabajaría en las labores relacionadas con la metalurgia, sino que, y sobre todo tras el establecimiento de las primeras colonias fenicias, deberían realizar trabajos directamente relacionados con el comercio, tales como la construcción de barcos, y labores derivadas de ello, como la tala de árboles y su transporte, el acondicionamiento de puertos, construir almacenes, etc. Mayor mano de obra sería necesaria aun para levantar los nuevos poblados, los santuarios o los talleres donde se diversificaría la producción de los productos artesanales. Este sistema conllevaría una forma de vida fundamentalmente sedentaria que impulsaría a su vez la agricultura intensiva, tanto para abastecer de cereales y otros productos a los centros de producción, como para generar excedentes destinados también al comercio exterior. La llegada de nuevos cultivos como el olivo y la vid, pero sobre todo la introducción de nuevas técnicas e implementos para el mejor desarrollo de la agricultura, ayudarían a la creación de nuevos núcleos de población que se extendieron principalmente por todo el Bajo Guadalquivir. La discusión se centra en el origen de la mano de obra que hizo posible ese desarrollo agrícola, si eran agricultores de origen oriental, sobre todo fenicios, con lo que la colonización no tendría entonces un cariz meramente comercial, o si se trataba de indígenas desplazados desde sus lugares de origen y reconvertidos en agricultores.
El interés meramente comercial de los fenicios en una primera fase de contactos debió activar algunas zonas metalúrgicas explotadas solo superficialmente desde el siglo viii a.C., caso de San Bartolomé de Almonte, sino antes, como en Peñalosa de Escacena del Campo, ambos en la provincia de Huelva. Por lo tanto, parece lógico pensar que el aporte de población de las tierras del interior iría destinado a explotar con mayor eficacia estos y otros focos mineros del suroeste. Sin embargo, no debemos olvidar que estas poblaciones proceden de zonas donde la economía ganadera era predominante, mientras que el fuerte aumento demográfico haría necesaria una explotación agrícola extensiva para alimentar a la nueva mano de obra que no solo trabajaría en las labores relacionadas con la metalurgia, sino que, y sobre todo tras el establecimiento de las primeras colonias fenicias, deberían realizar trabajos directamente relacionados con el comercio, tales como la construcción de barcos, y labores derivadas de ello, como la tala de árboles y su transporte, el acondicionamiento de puertos, construir almacenes, etc. Mayor mano de obra sería necesaria aun para levantar los nuevos poblados, los santuarios o los talleres donde se diversificaría la producción de los productos artesanales. Este sistema conllevaría una forma de vida fundamentalmente sedentaria que impulsaría a su vez la agricultura intensiva, tanto para abastecer de cereales y otros productos a los centros de producción, como para generar excedentes destinados también al comercio exterior. La llegada de nuevos cultivos como el olivo y la vid, pero sobre todo la introducción de nuevas técnicas e implementos para el mejor desarrollo de la agricultura, ayudarían a la creación de nuevos núcleos de población que se extendieron principalmente por todo el Bajo Guadalquivir. La discusión se centra en el origen de la mano de obra que hizo posible ese desarrollo agrícola, si eran agricultores de origen oriental, sobre todo fenicios, con lo que la colonización no tendría entonces un cariz meramente comercial, o si se trataba de indígenas desplazados desde sus lugares de origen y reconvertidos en agricultores.
Por lo tanto, el depósito de la Ría de la Huelva no es ajeno al escenario que se dibuja en el cuadrante suroccidental de la península ibérica. Es posible que la interacción entre las diferentes comunidades de estas zonas del interior fuera determinante para el desarrollo interno de los grupos sociales y así, los grupos mejor relacionados a través de vínculos sociales fueran los que se encontraban en condiciones óptimas para relacionarse con el núcleo económico en desarrollo, pues tendrían capacidad para aportar mano de obra y productos agropecuarios a cambio de objetos de lujo y otros productos. Los primeros comerciantes fenicios, o de origen mediterráneo en general, tuvieron que tratar con estas gentes que ya tenían una larga experiencia en la negociación comercial en el ámbito atlántico, por lo que incluso conocían buena parte de los productos de lujo que pudieron ofrecer los fenicios, lo que podría justificar tanto la calidad de los materiales hallados en la ciudad de Huelva, como el interés de los fenicios por establecer sus colonias en un entorno geográfico donde una estructura social mínimamente solida fuera capaz de aportar la infraestructura necesaria para explotar algunos recursos de su interés. Pero, precisamente, tanto la emigración hacia el sur peninsular como las nuevas relaciones comerciales con los primeros comerciantes de origen mediterráneo, se convertirían en factores claves para el desarrollo de conflictos sociales inéditos hasta ese momento, lo que a la postre sería una consecuencia fundamental para entender la formación de la sociedad tartesica.
Por lo tanto, el depósito de la Ría de la Huelva no es ajeno al escenario que se dibuja en el cuadrante suroccidental de la península ibérica. Es posible que la interacción entre las diferentes comunidades de estas zonas del interior fuera determinante para el desarrollo interno de los grupos sociales y así, los grupos mejor relacionados a través de vínculos sociales fueran los que se encontraban en condiciones óptimas para relacionarse con el núcleo económico en desarrollo, pues tendrían capacidad para aportar mano de obra y productos agropecuarios a cambio de objetos de lujo y otros productos. Los primeros comerciantes fenicios, o de origen mediterráneo en general, tuvieron que tratar con estas gentes que ya tenían una larga experiencia en la negociación comercial en el ámbito atlántico, por lo que incluso conocían buena parte de los productos de lujo que pudieron ofrecer los fenicios, lo que podría justificar tanto la calidad de los materiales hallados en la ciudad de Huelva, como el interés de los fenicios por establecer sus colonias en un entorno geográfico donde una estructura social mínimamente solida fuera capaz de aportar la infraestructura necesaria para explotar algunos recursos de su interés. Pero, precisamente, tanto la emigración hacia el sur peninsular como las nuevas relaciones comerciales con los primeros comerciantes de origen mediterráneo, se convertirían en factores claves para el desarrollo de conflictos sociales inéditos hasta ese momento, lo que a la postre sería una consecuencia fundamental para entender la formación de la sociedad tartesica.
Un dato que nos ha llamado siempre la atención ha sido la ausencia de una manifestaciones tan expresivas arqueológicamente como son las estelas del suroeste y la orfebrería del Bronce Final en el área tartesica que por un lado, nos permite sospechar de la existencia de una cierta homogeneidad cultural entre las amplias zonas donde  sí se manifiestan, es decir, Extremadura, Algarve, Alentejo y Beira portuguesa, valle medio del Guadalquivir y sur de la Meseta, en definitiva, las zonas del interior del suroeste peninsular que con el tiempo conformaran la periferia tartesica; y por otro lado, la posibilidad de que sean precisamente esas comunidades las que se encuentren en las condiciones más idóneas para participar en el auge demográfico de Tartessos y en la configuración de su cultura. Las estelas o losas de guerrero básicas  y la rica orfebrería tienen un alto componente atlántico, a lo que debemos añadir otros objetos  que se han documentado de forma abundante en estas zonas, caso de las espadas de “lengua de carpa”, las fíbulas de codo o las cerámicas de Cogotas que, precisamente, cada día se documentan mejor en Extremadura.
Un dato que nos ha llamado siempre la atención ha sido la ausencia de una manifestaciones tan expresivas arqueológicamente como son las estelas del suroeste y la orfebrería del Bronce Final en el área tartesica que por un lado, nos permite sospechar de la existencia de una cierta homogeneidad cultural entre las amplias zonas donde sí se manifiestan, es decir, Extremadura, Algarve, Alentejo y Beira portuguesa, valle medio del Guadalquivir y sur de la Meseta, en definitiva, las zonas del interior del suroeste peninsular que con el tiempo conformaran la periferia tartesica; y por otro lado, la posibilidad de que sean precisamente esas comunidades las que se encuentren en las condiciones más idóneas para participar en el auge demográfico de Tartessos y en la configuración de su cultura. Las estelas o losas de guerrero básicas y la rica orfebrería tienen un alto componente atlántico, a lo que debemos añadir otros objetos que se han documentado de forma abundante en estas zonas, caso de las espadas de “lengua de carpa”, las fíbulas de codo o las cerámicas de Cogotas que, precisamente, cada día se documentan mejor en Extremadura.
LA FORMACION DE TARTESSOS
Uno de los mayores problemas a la hora de justificar la eclosión demográfica en el núcleo tartesico a partir del siglo IX a.C., ha sido detectar el origen de las comunidades que poblaron la zona. Ya hemos visto como en algunos sitios, sin duda puntuales, parece que se aprecia una continuidad en el poblamiento desde el Calcolitico hasta la I Edad del Hierro, pero lo que esta fuera de cualquier duda es que tras el Bronce Medio hay un vacío, o si se quiere, una escasez de población en el suroeste peninsular. Con tan escaso bagaje demográfico, resulta difícil justificar el enorme crecimiento de población que se detecta en los últimos momentos del Bronce Final tanto en Huelva como en el entorno del Bajo Guadalquivir, para acreditarlo. Belén y Escena propusieron la aportación de gentes procedentes de dos oleadas, la última de las cuales seria originaria de la Meseta, siendo así responsable de la introducción en el suroeste de técnicas de cerámica como el boquique o la excision. Sin embargo, sin excluir esta posibilidad, parece que la aportación humana debió de ser más amplia a tenor de la variedad de expresiones culturales que se conforman en el suroeste y que podemos rastrear, una vez más, a través de las técnicas cerámicas, donde las cazuelas con decoración de retículas bruñidas se han convertido en uno de los “fósiles directores” de esta fase. La cuestión es harto complicada de acometer por cuanto carecemos de manifestaciones sociales de la importancia de las  necrópolis, las áreas culturales o los poblados con cierta complejidad urbana que nos permiten vislumbrar un origen concreto de esas poblaciones, pero podemos adentrarnos en el problema desde el análisis de otras manifestaciones que, a pesar de todo, tampoco son concluyentes al día de hoy.
LA FORMACION DE TARTESSOS Uno de los mayores problemas a la hora de justificar la eclosión demográfica en el núcleo tartesico a partir del siglo IX a.C., ha sido detectar el origen de las comunidades que poblaron la zona. Ya hemos visto como en algunos sitios, sin duda puntuales, parece que se aprecia una continuidad en el poblamiento desde el Calcolitico hasta la I Edad del Hierro, pero lo que esta fuera de cualquier duda es que tras el Bronce Medio hay un vacío, o si se quiere, una escasez de población en el suroeste peninsular. Con tan escaso bagaje demográfico, resulta difícil justificar el enorme crecimiento de población que se detecta en los últimos momentos del Bronce Final tanto en Huelva como en el entorno del Bajo Guadalquivir, para acreditarlo. Belén y Escena propusieron la aportación de gentes procedentes de dos oleadas, la última de las cuales seria originaria de la Meseta, siendo así responsable de la introducción en el suroeste de técnicas de cerámica como el boquique o la excision. Sin embargo, sin excluir esta posibilidad, parece que la aportación humana debió de ser más amplia a tenor de la variedad de expresiones culturales que se conforman en el suroeste y que podemos rastrear, una vez más, a través de las técnicas cerámicas, donde las cazuelas con decoración de retículas bruñidas se han convertido en uno de los “fósiles directores” de esta fase. La cuestión es harto complicada de acometer por cuanto carecemos de manifestaciones sociales de la importancia de las necrópolis, las áreas culturales o los poblados con cierta complejidad urbana que nos permiten vislumbrar un origen concreto de esas poblaciones, pero podemos adentrarnos en el problema desde el análisis de otras manifestaciones que, a pesar de todo, tampoco son concluyentes al día de hoy.
Por lo tanto, no parece que puedan sostenerse las tesis autoctonistas que abogan por una secuencia cultural continua desde el Calcolitico hasta la Edad del Hierro. Por el contrario, Tartessos debe configurarse a partir del Bronce Final, cuando realmente se expresa un significativo cambio cultural debido tanto a sus propios mecanismos de cohesión social como a la irrupción de la colonización mediterránea, que debió activar recursos económicos hasta ese momento infrautilizados. Los trabajos que se vienen realizando en los últimos años en las zonas afectadas están permitiendo definir un espacio culturalmente homogéneo que coincide con el tradicionalmente denominado núcleo tartesico; intentar relacionar ese espacio con un tiempo concreto nos dará el verdadero significado de Tartessos, término que solo deberíamos utilizar, al menos con propiedad, a partir de las colonizaciones mediterráneas.
Por lo tanto, no parece que puedan sostenerse las tesis autoctonistas que abogan por una secuencia cultural continua desde el Calcolitico hasta la Edad del Hierro. Por el contrario, Tartessos debe configurarse a partir del Bronce Final, cuando realmente se expresa un significativo cambio cultural debido tanto a sus propios mecanismos de cohesión social como a la irrupción de la colonización mediterránea, que debió activar recursos económicos hasta ese momento infrautilizados. Los trabajos que se vienen realizando en los últimos años en las zonas afectadas están permitiendo definir un espacio culturalmente homogéneo que coincide con el tradicionalmente denominado núcleo tartesico; intentar relacionar ese espacio con un tiempo concreto nos dará el verdadero significado de Tartessos, término que solo deberíamos utilizar, al menos con propiedad, a partir de las colonizaciones mediterráneas.
Tampoco parece coherente defender una homogeneidad cultural del suroeste peninsular cuando se han identificado diferentes realidades culturales para según que sitios; así, Shubart configuro un Bronce del Suroeste con personalidad propia para las tierras meridionales de Portugal; mientras que apenas conocemos nada del Bronce en las llanuras onubenses, parece que si adquiere carta de identidad en la sierra; el Bronce extremeño se limita a un yacimiento bien estudiado y a algunas tumbas dispersas con cierta singularidad tipológica; y las propuestas de Nocete sobre la estratificación social e, incluso, la existencia de una organización estatal a partir de los primeros patrones de asentamientos detectados en las campiñas de Jaén y Cádiz no dejan de ser meras suposiciones. En resumen, lo que parece irrefutable es que tras la importancia demográfica que se aprecia durante el Calcolitico en todo el suroeste peninsular, nos encontramos con un periodo del Bronce muy desdibujado en el que se cargan las tintas sobre los escasos yacimientos localizados, prueba evidente de su pobreza. Por el contrario, a partir del siglo IX a.C., o quizá a finales del siglo X a.C., se percibe un sensible aumento de población en estas zonas que podía deberse a las nuevas condiciones económicas que ofrecen estos territorios. Este espectacular aumento de población solo puede entenderse por una aportación demográfica externa a la zona afectada. Si tenemos en cuenta los materiales que acompañan a estas nuevas poblaciones, podríamos concluir que son de origen peninsular, probablemente de las zonas que luego serán consideradas como la periferia tartesica, es decir, Alentejo y Algarve portugués, valle del Guadiana y Meseta Sur.
Tampoco parece coherente defender una homogeneidad cultural del suroeste peninsular cuando se han identificado diferentes realidades culturales para según que sitios; así, Shubart configuro un Bronce del Suroeste con personalidad propia para las tierras meridionales de Portugal; mientras que apenas conocemos nada del Bronce en las llanuras onubenses, parece que si adquiere carta de identidad en la sierra; el Bronce extremeño se limita a un yacimiento bien estudiado y a algunas tumbas dispersas con cierta singularidad tipológica; y las propuestas de Nocete sobre la estratificación social e, incluso, la existencia de una organización estatal a partir de los primeros patrones de asentamientos detectados en las campiñas de Jaén y Cádiz no dejan de ser meras suposiciones. En resumen, lo que parece irrefutable es que tras la importancia demográfica que se aprecia durante el Calcolitico en todo el suroeste peninsular, nos encontramos con un periodo del Bronce muy desdibujado en el que se cargan las tintas sobre los escasos yacimientos localizados, prueba evidente de su pobreza. Por el contrario, a partir del siglo IX a.C., o quizá a finales del siglo X a.C., se percibe un sensible aumento de población en estas zonas que podía deberse a las nuevas condiciones económicas que ofrecen estos territorios. Este espectacular aumento de población solo puede entenderse por una aportación demográfica externa a la zona afectada. Si tenemos en cuenta los materiales que acompañan a estas nuevas poblaciones, podríamos concluir que son de origen peninsular, probablemente de las zonas que luego serán consideradas como la periferia tartesica, es decir, Alentejo y Algarve portugués, valle del Guadiana y Meseta Sur.
El origen del territorio de Tartessos
Buena parte de las discusiones sobre el origen de Tartessos se han centrado en la discontinuidad que algunos autores propusieron para la Edad del Bronce, lo que significaba una ruptura evidente con una época caracterizada por una alta densidad de población como era el Calcolitico. Si en un principio los trabajos llevados a cabo por Aubet y Serna en Setefilla abogaban por una continuidad cultural hasta mediados del siglo V a.C., lo cierto es que salvo algunas excepciones, son escasos los yacimientos que ofrecen una secuencia tan completa e ininterrumpida. Sea como fuere, lo cierto es que si hay continuidad poblacional solo se percibe en sitios puntuales, lo que de hecho debe significar un cambio de estrategia que no debería confundirse con una especie de cataclismo natural; pero lo cierto es que, o se ocupan nuevos territorios que aún no han sido localizados, o bien hay una dispersión de esa población hacia otros lugares económicamente más propicios y alejados del futuro territorio que identificamos con el núcleo tartesico.
El origen del territorio de Tartessos Buena parte de las discusiones sobre el origen de Tartessos se han centrado en la discontinuidad que algunos autores propusieron para la Edad del Bronce, lo que significaba una ruptura evidente con una época caracterizada por una alta densidad de población como era el Calcolitico. Si en un principio los trabajos llevados a cabo por Aubet y Serna en Setefilla abogaban por una continuidad cultural hasta mediados del siglo V a.C., lo cierto es que salvo algunas excepciones, son escasos los yacimientos que ofrecen una secuencia tan completa e ininterrumpida. Sea como fuere, lo cierto es que si hay continuidad poblacional solo se percibe en sitios puntuales, lo que de hecho debe significar un cambio de estrategia que no debería confundirse con una especie de cataclismo natural; pero lo cierto es que, o se ocupan nuevos territorios que aún no han sido localizados, o bien hay una dispersión de esa población hacia otros lugares económicamente más propicios y alejados del futuro territorio que identificamos con el núcleo tartesico.
Fenicios en Huelva durante el Bronce Final IIIB
El reinado de Abd astart 930-920 a.C., coincide con la tercera fase documentada en Huelva, y puede vincularse a escalas intermedias en Paleopaphos-Skales de Chipre y Kommos en Creta.Una tercera fase está representada por materiales característicos de los niveles Tiro 10b y 10ª 930-920 a.C., donde destacan platos y ánforas. Los fenicios de la Península Ibérica probablemente adquirieron mayor autonomía a partir de la presencia como rey de Tiro de Astart o un usurpador anónimo entre 920 y 900 a.C., indicativo de una etapa de inestabilidad hasta el breve reinado de Pilles, retomándose los contactos con notable intensidad a partir del inicio del reinado de Ittoba`al I 887-878 a.C., la fase final y mejor representada en Huelva 875-825 a.C.
A partir del 950-925 a.C., coetáneo con Tiro 10 y 9, 950-925 a.C., ya nos encontramos en Huelva la fase tradicionalmente denominada Bronce Final IIIB, que corresponde al Hierro I en las regiones meridionales de Andalucía, siendo realmente importante el hallazgo de evidencias de elaboración de hierro en Huelva, quizás ya desde el último cuarto del siglo X a.C.
La mayor parte de la cerámica recuperada en Huelva corresponde a esta fase y sugiere la posible presencia de un asentamiento colonial en un sector de la ciudad. Se trata de un periodo aun no conocido en otros yacimientos fenicios de la Península Ibérica, pues antecede a yacimientos como Morro de Mezquitilla en Málaga, o el de Castillo de Doña Blanca en Cádiz, y puede asignarse a los niveles Tiro 7 y 6, de entre 875 y 825 a.C., donde destacan los skyphoi y platos con semicírculos colgantes, junto con la presencia de cerámica negra y roja o cerámica chipriota bícroma.
Fenicios en Huelva durante el Bronce Final IIIB El reinado de Abd astart 930-920 a.C., coincide con la tercera fase documentada en Huelva, y puede vincularse a escalas intermedias en Paleopaphos-Skales de Chipre y Kommos en Creta.Una tercera fase está representada por materiales característicos de los niveles Tiro 10b y 10ª 930-920 a.C., donde destacan platos y ánforas. Los fenicios de la Península Ibérica probablemente adquirieron mayor autonomía a partir de la presencia como rey de Tiro de Astart o un usurpador anónimo entre 920 y 900 a.C., indicativo de una etapa de inestabilidad hasta el breve reinado de Pilles, retomándose los contactos con notable intensidad a partir del inicio del reinado de Ittoba`al I 887-878 a.C., la fase final y mejor representada en Huelva 875-825 a.C. A partir del 950-925 a.C., coetáneo con Tiro 10 y 9, 950-925 a.C., ya nos encontramos en Huelva la fase tradicionalmente denominada Bronce Final IIIB, que corresponde al Hierro I en las regiones meridionales de Andalucía, siendo realmente importante el hallazgo de evidencias de elaboración de hierro en Huelva, quizás ya desde el último cuarto del siglo X a.C. La mayor parte de la cerámica recuperada en Huelva corresponde a esta fase y sugiere la posible presencia de un asentamiento colonial en un sector de la ciudad. Se trata de un periodo aun no conocido en otros yacimientos fenicios de la Península Ibérica, pues antecede a yacimientos como Morro de Mezquitilla en Málaga, o el de Castillo de Doña Blanca en Cádiz, y puede asignarse a los niveles Tiro 7 y 6, de entre 875 y 825 a.C., donde destacan los skyphoi y platos con semicírculos colgantes, junto con la presencia de cerámica negra y roja o cerámica chipriota bícroma.
Los primeros fenicios durante el Bronce Final IIIA en Huelva
El conocimiento de la ruta del comercio de metales atlántico, principalmente oro, plata y estaño, debió ser trasmitido a los tirios desde inicios del siglo X a.C., y quizás desde un momento contemporáneo a los reinados de Hiram de Tiro y Salomón de Israel, 975-970 a.C., pues Hiram se solapa básicamente con David y con Salomón,  solo hacia el final de su reinado, 955-950 a.C. Por entonces los fenicios  comenzaron a instalarse de forma más  o menos estable en Huelva, un centro indígena que incremento su capacidad de atracción de población local hasta alcanzar una superficie de capacidad de 35 hectáreas.
Parece intuirse un descenso de los contactos durante la etapa de hegemonía egipcia bajo el faraón Shoshenq I, 945-924 a.C., de asociarse Shoshenq con la referencia bíblica de Shishak cuando se reanudo la política intervencionista en la región de Gaza.
La primera fase de Huelva está presente en Tiro 14 1075-975 a.C. con cuencos hondos y crateras, que tienen un porcentaje muy pequeño desde un punto de vista cuantitativo y podrían ser pervivencias en la fase siguiente. Sin embargo, creemos que podrían interpretarse como evidencias de los primeros contactos comerciales, sin instalación permanente de población tiria. Una segunda fase, correspondería con el nivel Tiro 13 975-960 a.C., entre los que se encontrarían platos, jarros y ánforas, sugiriendo una intensificación de los contactos, con una probable primera instalación de mercaderes fenicios en Huelva. Si tenemos en cuenta las fechas del depósito de Huelva, estas parecen asociarse con este momento, con cuatro fechas entre 973-936 a.C. y máximos entre las seis fechas disponibles desde 997 hasta 925 a.C. Esto implicaría que el cargamento de metal del pecio de Huelva pudo estar destinado al suministro de naves fenicias.
Los primeros fenicios durante el Bronce Final IIIA en Huelva El conocimiento de la ruta del comercio de metales atlántico, principalmente oro, plata y estaño, debió ser trasmitido a los tirios desde inicios del siglo X a.C., y quizás desde un momento contemporáneo a los reinados de Hiram de Tiro y Salomón de Israel, 975-970 a.C., pues Hiram se solapa básicamente con David y con Salomón, solo hacia el final de su reinado, 955-950 a.C. Por entonces los fenicios comenzaron a instalarse de forma más o menos estable en Huelva, un centro indígena que incremento su capacidad de atracción de población local hasta alcanzar una superficie de capacidad de 35 hectáreas. Parece intuirse un descenso de los contactos durante la etapa de hegemonía egipcia bajo el faraón Shoshenq I, 945-924 a.C., de asociarse Shoshenq con la referencia bíblica de Shishak cuando se reanudo la política intervencionista en la región de Gaza. La primera fase de Huelva está presente en Tiro 14 1075-975 a.C. con cuencos hondos y crateras, que tienen un porcentaje muy pequeño desde un punto de vista cuantitativo y podrían ser pervivencias en la fase siguiente. Sin embargo, creemos que podrían interpretarse como evidencias de los primeros contactos comerciales, sin instalación permanente de población tiria. Una segunda fase, correspondería con el nivel Tiro 13 975-960 a.C., entre los que se encontrarían platos, jarros y ánforas, sugiriendo una intensificación de los contactos, con una probable primera instalación de mercaderes fenicios en Huelva. Si tenemos en cuenta las fechas del depósito de Huelva, estas parecen asociarse con este momento, con cuatro fechas entre 973-936 a.C. y máximos entre las seis fechas disponibles desde 997 hasta 925 a.C. Esto implicaría que el cargamento de metal del pecio de Huelva pudo estar destinado al suministro de naves fenicias.
HISTORIA ANTIGUA DE LA PENINSULA IBERICA
Bueno siento la tardanza, estuve buscando información y pidiendo bibliografías a mis profesores para continuar con la página, ya que esta parte de la historia la estoy dando en estos momentos en clase, así que se puede decir que la estoy descubriendo, en gran parte, junto a vosotros, ¡así que gracias por la espera y vamos al lio¡
La ciudad de Huelva
El texto de Estrabon recoge una versión gaditana que trataba de defender la mayor antigüedad de su fundación frente a Sexi (Almuñécar) y Onoba (Huelva), pero también implica que ambas ciudades entonces disputarían a Gadir, con leyendas propias, la primacía de su fundación por los fenicios.
En Onoba, actual Huelva, existió con una ciudad indígena de grandes dimensiones, de aproximadamente 35 hectáreas, que contrasta con la extensión que conocemos para el Castillo de Doña Blanca, si se considera una prolongación terrestre de la ciudad de Gadir, con 6,5 hectáreas. Onoba  acabo probablemente teniendo también un barrio o colonia fenicia, quizás primero con un asentamiento estacional inicial en la isla de Saltes, donde hay cerámicas fenicias fechadas a finales del siglo VII a.C. La presencia de un espacio sacro facilitaría las transacciones comerciales, que se realizarían en la propia isla, un entorno más seguro para los fenicios. Este primer asentamiento se trasladara después junto al poblado indígena del Bronce Final IIIA preexistente.
Debido a la gran calidad del material recuperado en la Plaza de las Monjas de Huelva, quizás también pudo existir una función religiosa, vinculada a un espacio sacro, y explicaría bien su gran calidad y abundancia, tanto de cerámicas protogeometricas como la presencia de algunos objetos con posible uso cultural, como cuatro pequeños betilos, cascara de huevo de avestruz con restos de pintura o de astrágalos de hueso relacionados con la adivinación.
HISTORIA ANTIGUA DE LA PENINSULA IBERICA Bueno siento la tardanza, estuve buscando información y pidiendo bibliografías a mis profesores para continuar con la página, ya que esta parte de la historia la estoy dando en estos momentos en clase, así que se puede decir que la estoy descubriendo, en gran parte, junto a vosotros, ¡así que gracias por la espera y vamos al lio¡ La ciudad de Huelva El texto de Estrabon recoge una versión gaditana que trataba de defender la mayor antigüedad de su fundación frente a Sexi (Almuñécar) y Onoba (Huelva), pero también implica que ambas ciudades entonces disputarían a Gadir, con leyendas propias, la primacía de su fundación por los fenicios. En Onoba, actual Huelva, existió con una ciudad indígena de grandes dimensiones, de aproximadamente 35 hectáreas, que contrasta con la extensión que conocemos para el Castillo de Doña Blanca, si se considera una prolongación terrestre de la ciudad de Gadir, con 6,5 hectáreas. Onoba acabo probablemente teniendo también un barrio o colonia fenicia, quizás primero con un asentamiento estacional inicial en la isla de Saltes, donde hay cerámicas fenicias fechadas a finales del siglo VII a.C. La presencia de un espacio sacro facilitaría las transacciones comerciales, que se realizarían en la propia isla, un entorno más seguro para los fenicios. Este primer asentamiento se trasladara después junto al poblado indígena del Bronce Final IIIA preexistente. Debido a la gran calidad del material recuperado en la Plaza de las Monjas de Huelva, quizás también pudo existir una función religiosa, vinculada a un espacio sacro, y explicaría bien su gran calidad y abundancia, tanto de cerámicas protogeometricas como la presencia de algunos objetos con posible uso cultural, como cuatro pequeños betilos, cascara de huevo de avestruz con restos de pintura o de astrágalos de hueso relacionados con la adivinación.
Autumn sunset during family visit. Málaga, Spain
Autumn sunset during family visit. Málaga, Spain
Muerte
Cuando los hombres morían, su espíritu se convertía en una sombra que descendía al reino de los muertos. Una vez en ese lugar, el barquero Caronte les estaba esperando para cruzarlos de una orilla a otra del río Aqueronte. Aunque eran las propias almas las que remaban, el barquero les cobraba el viaje, por lo que se solía introducir una moneda en la boca  o en los ojos a los muertos antes de enterrarlos. Ya en el Hades, nadie podía regresar y allí llevaban una existencia eterna descrita la mayor parte de las veces como miserable. Muchos de ellos sufrían en aquel lugar tormentos eternos por penas de impiedad u otras acciones en contra de los dioses inmortales. Y que mejor manera de acabar la historia de Grecia que con la muerte, en un simil al final de la vida con el final de esta etapa de la historia!
Muerte Cuando los hombres morían, su espíritu se convertía en una sombra que descendía al reino de los muertos. Una vez en ese lugar, el barquero Caronte les estaba esperando para cruzarlos de una orilla a otra del río Aqueronte. Aunque eran las propias almas las que remaban, el barquero les cobraba el viaje, por lo que se solía introducir una moneda en la boca o en los ojos a los muertos antes de enterrarlos. Ya en el Hades, nadie podía regresar y allí llevaban una existencia eterna descrita la mayor parte de las veces como miserable. Muchos de ellos sufrían en aquel lugar tormentos eternos por penas de impiedad u otras acciones en contra de los dioses inmortales. Y que mejor manera de acabar la historia de Grecia que con la muerte, en un simil al final de la vida con el final de esta etapa de la historia!
Desarrollo
Hesíodo compatibiliza este mito con la leyenda de las edades. Según ésta, habían existido cinco razas que se sucedieron desde el origen de la humanidad. En un principio, se dio la edad de oro, en la que los primeros hombres creados por los dioses olímpicos vivían bajo el reinado de Crono. Los mortales permanecían siempre jóvenes, no sufrían las enfermedades y pasaban el tiempo en pura diversión, ajenos a los males. Cuando llegaba la muerte, simplemente caían en un "dulce sueño". Tenían todas sus necesidades cubiertas sin necesidad de trabajar o luchar, pues el suelo les ofrecía una abundante cosecha. A continuación, llegó la edad de plata, que correspondía al reinado de Zeus. Esta etapa supuso una degradación respecto a la anterior. En la siguiente evolución, la edad de bronce, la degradación se hizo mayor, pues aparece el bandidaje y la guerra. Este paulatino empeoramiento se ve interrumpido por la edad de los héroes, protagonizado por los participantes en el ciclo tebano y la guerra de Troya. Finalmente, Hesíodo describe la actual edad de hierro, en la que a él le ha tocado vivir. Ésta es la última fase de la decadencia, pues la enfermedad, la vejez, la muerte y la angustia ante un futuro incierto va pareja al sufrimiento de tener que trabajar para vivir.
Desarrollo Hesíodo compatibiliza este mito con la leyenda de las edades. Según ésta, habían existido cinco razas que se sucedieron desde el origen de la humanidad. En un principio, se dio la edad de oro, en la que los primeros hombres creados por los dioses olímpicos vivían bajo el reinado de Crono. Los mortales permanecían siempre jóvenes, no sufrían las enfermedades y pasaban el tiempo en pura diversión, ajenos a los males. Cuando llegaba la muerte, simplemente caían en un "dulce sueño". Tenían todas sus necesidades cubiertas sin necesidad de trabajar o luchar, pues el suelo les ofrecía una abundante cosecha. A continuación, llegó la edad de plata, que correspondía al reinado de Zeus. Esta etapa supuso una degradación respecto a la anterior. En la siguiente evolución, la edad de bronce, la degradación se hizo mayor, pues aparece el bandidaje y la guerra. Este paulatino empeoramiento se ve interrumpido por la edad de los héroes, protagonizado por los participantes en el ciclo tebano y la guerra de Troya. Finalmente, Hesíodo describe la actual edad de hierro, en la que a él le ha tocado vivir. Ésta es la última fase de la decadencia, pues la enfermedad, la vejez, la muerte y la angustia ante un futuro incierto va pareja al sufrimiento de tener que trabajar para vivir.
Origen
Cuanta Hesíodo que su origen se debe a la decisión de Zeus de poblar la Tierra. Éste pidió un día a Prometeo ('previsor') y Epimeteo ('imprevisor') que se encargaran de crear los distintos seres que habitarían el orbe; de este modo. Epimeteo distribuyó las distintas cualidades (fuerza, velocidad, astucia, valor,etc.) entre los animales. Cuando llegó la hora de la creación del hombre, los hizo a semejanza de los dioses y les concedió la bipedestación; sin embargo, ya no contaba prácticamente de dones para revestirle. Prometeo, compadecido de estos seres más desprotegidos, intentó compensar el error de su hermano robando el fuego divino y ofreciéndoselo. Como no era la primera vez que el titán Prometeo engañaba al Zeus, éste decidió darle un castigo. En venganza, determinó causar algún mal a la raza que tanto deseaba proteger el dios y mandó a Hefesto y Atenea construir una mujer a imagen de las diosas, pues en un principio sólo existían los varones. A pesar de que Prometeo advirtió a su hermano que no tomase ningún regalo que Zeus le ofreciera, cuando el padre de los dioses le llevó a Pandora, no pudo resistir la belleza y gracia de ésta y la tomó por esposa. Cada una de las divinidades había aportado una cualidad que revistiera a la nueva creación, pero en su corazón había instalado la mentira y el engaño. Así, la nueva mujer de Epimeteo llegó con un cofre que el mismo Zeus le había entregado. Esta caja contenía todos los males y Pandora, sin poder resistir su curiosidad, la abrió. Al ver la cantidad de desgracias que salían del recipiente y cómo se dispersaban éstas por la tierra, cerró el envase, pero sólo la esperanza quedó encerrada en su interior.
Origen Cuanta Hesíodo que su origen se debe a la decisión de Zeus de poblar la Tierra. Éste pidió un día a Prometeo ('previsor') y Epimeteo ('imprevisor') que se encargaran de crear los distintos seres que habitarían el orbe; de este modo. Epimeteo distribuyó las distintas cualidades (fuerza, velocidad, astucia, valor,etc.) entre los animales. Cuando llegó la hora de la creación del hombre, los hizo a semejanza de los dioses y les concedió la bipedestación; sin embargo, ya no contaba prácticamente de dones para revestirle. Prometeo, compadecido de estos seres más desprotegidos, intentó compensar el error de su hermano robando el fuego divino y ofreciéndoselo. Como no era la primera vez que el titán Prometeo engañaba al Zeus, éste decidió darle un castigo. En venganza, determinó causar algún mal a la raza que tanto deseaba proteger el dios y mandó a Hefesto y Atenea construir una mujer a imagen de las diosas, pues en un principio sólo existían los varones. A pesar de que Prometeo advirtió a su hermano que no tomase ningún regalo que Zeus le ofreciera, cuando el padre de los dioses le llevó a Pandora, no pudo resistir la belleza y gracia de ésta y la tomó por esposa. Cada una de las divinidades había aportado una cualidad que revistiera a la nueva creación, pero en su corazón había instalado la mentira y el engaño. Así, la nueva mujer de Epimeteo llegó con un cofre que el mismo Zeus le había entregado. Esta caja contenía todos los males y Pandora, sin poder resistir su curiosidad, la abrió. Al ver la cantidad de desgracias que salían del recipiente y cómo se dispersaban éstas por la tierra, cerró el envase, pero sólo la esperanza quedó encerrada en su interior.